sábado, 14 de noviembre de 2020

 

LA OTRA Y VERDADERA RED SOCIAL

Caminar por las calles de la ciudad no es del todo malo como suelen recomendar.    Hace unos días, precisamente caminando entre las ventas callejeras  aledañas al Mercado Central de la Capital de Guatemala, me detuve en una venta de anteojos, para preguntar por unos coquetos de esos artilugios para leer. Para hacer la empírica prueba de agudeza visual,  le pregunte al tendero, si tenía a mano  un periódico o un libro para hacer el  intrépido examen de la vista.  Fue ese el momento en que apareció un caballero y me extendió un libro de su propiedad;   lo primero que percibí fue el  sobresaliente  color magenta con negro de la vieja portada de Los Condenados de la Tierra,  del autor Frantz Fannon, al verlo vinieron recuerdos de mi época universitaria en que tuve oportunidad de leer precisamente esa edición.   Mientras hacia las correspondientes mediciones de agudeza visual, el dueño del libro emprendió conversación con el  tendero —que al parecer era su amplio conocido. —    De un momento a otro  note que el hombre que me presto el libro,  lanzaba comentarios y críticas contra funcionarios de gobierno, pero note que lo hacía elevando la voz y dirigiéndose a mi como queriéndome incluir en la conversación.   Ello motivo que le asintiera a varias de sus afirmaciones.  A partir de allí iniciamos una copiosa conversación que giro entorno a las urgencia de cambios a la Ley Electoral y de e Partidos Políticos,  asignación presupuestaria, formación de juicio crítico;   luego  la improvisada charla giro entorno a rememorar libros, fragmentos y autores:  Franz Fannon, Eduardo Galeano, George Orwel, Max Weber;  de igual manera analogías de nuestra realidad con figuras literarias como La Caverna de Platón, El Ensayo sobre la Ceguera de Saramago, El Mundo como Flor y como Invento de Mario Payeras, hasta llegar a las Obras de Casaús Arzú.

Así trascurrió más de media hora de conversación de la buena, de la que edifica, con respeto y tolerancia mutua ante la diversidad de puntos de vista.  Por ratos me percataba que alrededor se detenían a escuchar transeúntes y compradores, unos más interesados que otros. 

Terminamos la conversación. Hasta ese momento nos presentamos e intercambiamos números telefónicos con la intención  de hacernos llegar títulos de libros en versiones digitales.

Me fui caminando por la bulliciosa y transcurrida calle.  Conforme me alejaba reflexionaba en cuanto a la grata experiencia recién vivida; dos verdaderos desconocidos entre sí,  intercambiamos ideas, puntos de vista y anhelos ciudadanos, sin que ninguno de los dos juzgara o emitiera juicios de valor del otro.   Esas “redes sociales”, básicas, humanas, tangibles son las que cada vez son más escasas.    Ello y la proliferación de las Redes Sociales por la vía digital, ha profundizado frecuentemente la intolerancia que  desemboca en agresiones verbales y detestables gestos de querer imponer la voluntad de uno sobre los demás.    El mundo que una vez se creyó el más y mejor comunicado de la historia de la humanidad, terminó con espacios de opinión cargados de intolerancia, radicalismo y fundamentalismo.   Plagado de individuos cuyo deporte —según ellos—  es aplastar la opinión de los demás, a costa de insultar vilipendiar y descalificar.  

Horas después el agrado de la experiencia, me llevo a recordar una agradable vivencia en una de las Plazas de la Gran Buenos Aires.   Turisteando por la misma, noté que en diferentes puntos de la misma, se arremolinaba personas que formaban varios grupitos;  me acerque, y llegué a entender que cada grupo tenía por habito vespertino reunirse de esa manera a tertuliar de manera abierta temas de diversa índole.  Solo esa tarde recorrí un grupo que discutía sobre la obra de Ernesto Sábato, otro sobre  los errores del sistema educativo local,  sobre Maradona y la Guerra de las Malvinas; desde opiniones básicas y sencillas hasta alocuciones cuasi doctorales.  Luego me enteré que esa práctica consuetudinaria era pan de todos los días;  por allí habían pasado grandes de la política, letras y artes argentinos a compartir sus puntos de vista. Un ejercicio  hermoso de generar juicio crítico, fortalecer el bendito hábito de dialogar y sentir el profundo placer de aprender y discernir. 

Como nos hacen falta esas ya encanecidas redes sociales.

Pandemia, 15 noviembre 2020

http://delescribiente.blogspot.com/2013/