lunes, 27 de mayo de 2013

MORTAL KOMBAT


MORTAL KOMBAT

 Se limpia los mocos con la manga de su camisa, su respiración es agitada, no le quita la vista a su oponente, aun para parpadear.   Su rival esta vez es un tipo con aspecto de gringo, pareciera sacado de las películas de rambo. En su cintura, cuchillos afilados y le pretende apantallar con rutinas de artes marciales.   El gringuito no se imagina de lo que esta por llegar, no se imagina que su oponente de hoy es  -a pesar de su aspecto-  todo un veterano en estas situaciones.

Les ha tocado toparse cara a cara en un callejón semioscuro, lleno de recipientes de basura y paredes de ladrillo crudo, sin repellar.  Palmo a palmo se exploran uno a uno sus movimientos, sin atreverse ninguno a iniciar el combate.  No hay mirones, ni árbitros, solitos ellos, así como le han relatado que eran los viejos tiempos en la ciudad, cuando te enfrentabas a un tipo por deudas de juego, por amores arrebatados, por deudas u otros motivos.

El gringo  lanza la primera cuchillada que es esquivada magistralmente por el chapincito que a su vez le asesta una cortada en el cuello, brota la sangre en abundancia, se intercambian heridas pero no caen en partes vitales, se separan para darse un respiro sin dejar de medirse el uno al otro, calculando el movimiento del rival por mínimo que  sea este. 

El chapincito descubre que la pierna derecha del gringo sangra abundantemente, ello le inflama los ojos por la adrenalina que corre por sus venas; es la señal justa para lanzarse a la estocada final.  Así lo hace, le encaja el cuchillo afiladísimo en el corazón.  Su rival cae estrepitosamente con respiración cavernosa, el chapincito lo rodea cautelosamente hasta que nota que su respiración se apaga totalmente.

Anota su nombre en la lista de los ganadores del día, nunca imagino que su nombre alguna vez estaría escrito con letras luminosas.

Da un respiro profundo y se aleja de su rival que ahora esta tendido inerte en el suelo.  El Mortal Kombat de hoy ha terminado.  El chapincito toma su caja de lustre que no ha descuidado ni por un segundo y que ha estado a la par de la “maquinita”; cual caballero triunfante no le da la espalda a su rival muerto, del que se aleja lentamente.

Se enfila por la calle hacia el parque. Tiene que regresar al trabajo que le permitirá ganarse los quetzales que le permitirán luego comprarse otros tres quetzales de alegría y orgullo.

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