lunes, 11 de junio de 2018


Cuando sea grande


La pregunta fue a secas: ¿y usted que va a ser cuando sea grande? – me indagó mi maestra-.  vaquero  -le contesté-.   Interrogatorios como este suelen practicarse, en las aulas de las escuelas y colegios de primaria, desde de los tiempos de los abuelos hasta los actuales.
 A interpelaciones como esas, fuimos expuestos casi todos los que ahora somos adultos.

Derivado de ello,  se escuchaban las más variadas respuestas:  Abogado como mi papá!, camionero!, enfermera!, cantante!, bombero!, doctora. 

Las respuestas más de una vez motivaron gracia, risas y en casos hasta burlas.  Para los maestros, cada respuestas seguramente se constituía  en una forma de imaginar al futuro los proyectos, anhelos, frustraciones o sentimientos o formas de vida  de los alumnos interrogados.
Parecía un sano ejercicio para definir los objetivos de vida y preferencias profesionales de cada individuo.  Con los años me encontré en una de la prisiones del país  a aquel que alguna vez dijo que sería presidente de la república.  Años antes coincidí con mi compañero,  quien alguna vez opinó que cuando fuera “grande” sería panadero; ahora pastorea una iglesia en una colonia de la ciudad capital.
Las cosas han cambiado –me comentó hace poco una amiga que es maestra de Primaria en un colegio privado-  la última vez que practicó esa dinámica en su aula de cuarto primaria, aplicó el interrogatorio a varios de los vivarachos estudiantes, hasta que llegó el turno del patojo larguirucho de ojos saltones: ¿qué vas a hacer cuando seas grande? –preguntó la maestra_.     Sin titubear y con mirada traviesa pero categórica respondió: -narco-

3 abril 2012.




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