TODOTERRENO
Allí vas por la calle, con tu camionetona agrícola,
todita pintada de negro, con aros relucientes, por supuesto polarizada y
con los tubos de escape modificados para
que resuenen estrepitosamente y no pase desapercibido tu paso por las calles.
Aun en los congestionamientos das giros
violentos frente a los carritos humildes propiedad de gente “normal” como vos
les llamás, los que tienen que rechinar sus llantas por el frenazo que te
permite meterte por donde te de la gana. Eso de encender los pidevias es algo
que no esta en tus hábitos de automovilista. En ningún caso acostumbras agradecer a los que
te ceden el paso, sea en las bocacalles o en las interminables filas que se
forman durante las horas pico, desde siempre en tu mente das por sentado que
todos le deben abrir y ceder paso a tu camionetota. Por supuesto por ningún motivo bajas los
oscuros vidrios para aunque sea asentir con la cabeza en muestra de
agradecimiento. Dentro de vos pensas que los pobres diablos que circulan en sus
carritos, pensaran mas de una vez en golpear tu carrote, porque sus sueldos
seguramente alcanzaran talvez para pagar lo que cuesta una de las llantotas de
tu camionetota, y eso te da la seguridad de andarle echando encima el carro a
medio mundo.
Pero eventualmente manifestás que sos cortés y
gente de buenos gestos de urbanidad; le cedes el paso a otros automovilistas…
eso si solo a aquellos que conducen carrotes de la altura y ancho del tuyo, de
un modelo similar o mas reciente que el tuyo, de accesorios similares o
superiores al tuyo, de cilindraje igual o superior al tuyo, sea un tipo con traje y corbata, sea un
botudo con sombrero, sea una señora joven o una botoxica.
Allí vas por las calles, en tu carrote, orgulloso
cual gladiador romano. Medís a los demás
por la marca y modelo del carro que poseen.
Por eso es que seleccionas para
tus compras, solo centros comerciales y supermercados frecuentados por gentes
que usan “carrotes”. En esos lugares no
se nota la estatura de los clientes, su situación legal, la honorabilidad, o la
intelectualidad, allí te sentís muy cómodo; a pesar que no conoces a los que están delante
o detrás en la fila de la caja para pagar, no hay problema, entablas
conversación muy seguro de que todos los que allí asisten tienen tu categoría
de “propietario de un carrote” y es suficiente credencial para pertenecer a tu
circulo social.
La factura que pagas en los centros de
servicio de tu “carrote” supera frecuentemente lo que invertís en tu
salud. No cabe duda, tu “carrote” es un
amuleto importante que te acerca al
orgullo y satisfacción que
sienten los que consideras como gente “normal”, por el descubrimiento de nuevas
lecturas, del sabor que te deja una
opera, de la locura de una noche bohemia, del gusto por ser cabeza de manada, del
placer de robarle los colores al amanecer para escribir un poema… por eso llego a entender suficientemente lo
importante que es en tu vida ese “carrote”.
Tu pequeño hijo, que viaja a tu lado piensa para
sí mismo, que cuando sea grande, querrá también
su “carrote” para verse importante y orgulloso, así como su papito.
Abril 2009.


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